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miércoles, 29 de agosto de 2012

Hitler Mintio sobre la 1ª Guerra Mundial


Primera guerra
Hitler es uno de los seres humanos más estudiados de la historia. Se ha escrito, teorizado y especulado tanto sobre él porque se trata de una de las personas que han dejado una huella más profunda en la humanidad, una huella trágica que habla de lo peor de nosotros mismos. ¿Fue Hitler hijo de la sociedad de su época o fue una anomalía impredecible? Los análisis e interpretaciones se suceden, y ahora llega la del joven historiador Thomas Weber: en su obra La primera guerra de Hitler (Taurus) escudriña en sus cuatro años como soldado durante la Primera Guerra Mundial para arrojar alguna luz nueva sobre el perfil de este personaje inevitable en las pesadillas de los europeos.
Qué ha descubierto sobre Hitler que no supiéramos ya?
Que mintió acerca de su participación en la Primera Guerra Mundial, de 1914 a 1918.

¿En qué mintió?
Mitificó su papel: fingió haber sido un soldado voluntario y heroico.

¿Y no?
¡Qué va! Era correo en la retaguardia, un destino privilegiado, lejos de los peligros del frente. Y no se alistó: lo movilizaron.

¿Qué edad tenía por entonces?
De 25 a 29 años, cuatro años cómodos y gratos para aquel joven; todos los correos de su regimiento sobrevivieron a la guerra, ¡mientras fallecía el 80% del resto de la tropa!

¿Qué heroicidades se inventó Hitler?
Que había arrestado él solo a una docena de soldados franceses armados. Exageró.

Mitómano de sí mismo, ¿no?
Una carta de un excompañero explicita el desprecio de la tropa a los correos, que no se jugaban la piel mientras ellos morían como moscas en las trincheras...

Pero Hitler obtuvo la Cruz de Hierro...
He descubierto cómo: al término de la guerra acudió a un amigo judío bien relacionado, Hugo Guttman..., que abogó para que se le concediera esa condecoración.

¡¿Amigo judío?!
En el regimiento de Hitler había 59 judíos, una proporción similar a la que ocupaban en la sociedad alemana del momento.

¿Aún no era Hitler antisemita?
¡No, al menos durante la guerra! Años después sí acusó a los judíos de haberse escaqueado..., a sabiendas de que eso era falso.

¿Qué le hizo tan antisemita?
Algo sucedido entre el fin de la guerra y septiembre de 1919, fecha en que escribe una carta de un antisemitismo feroz.

¿Y qué pasó?
Que llegaron a Munich rusos blancos que huían de la revolución bolchevique. Y entre los bolcheviques había bastantes judíos. Y los rusos blancos, élite aristocrática en la rusa zarista, eran muy antisemitas. ¡Y a Hitler le cautivó esta distinguidísima gente!

¿Por qué?
Porque eran de origen germano. Y Hitler, a su vez, era austriaco, un austriaco pangermanista, de un patriotismo exacerbado por todo lo germánico. Se identificó.

¿Por algún complejillo de inferioridad?
El caso es que Hitler adoptó el antibolchevismo de aquellos rusos blancos germanos..., incluido su furibundo antisemitismo.

¿Tuvo antes Hitler otra ideología?
Simpatizó con los colectivismos socialistas..., pero le asqueó su internacionalismo, porque él sentía como un ultranacionalista germánico.

¿Cómo saltó de soldado a líder?
La muerte de su madre lo dejó perdido... Gracias a la Gran Guerra, Hitler tuvo el calor de una familia: sus compañeros y oficiales del ejército. Al acabar la guerra, encontró este sustitutivo familiar en el partido. Y se volcó: ¡era su lugar en el mundo!

¿Y qué aupó a este Hitler al poder en Alemania?
La crisis económica de la sociedad alemana: los alemanes creyeron que Hitler los salvaría. Un talento de Hitler era el de detectar lo que el otro quería oír, y decírselo.

¿Era cobarde?
Astuto.

¿Qué más era Hitler?
Artero, mentiroso, manipulador, obsesivo, megalómano y convincente orador.

Qué mezcla tan explosiva.
Resultado: el líder más brutal del siglo XX, junto a Stalin.

Entre Hitler y Stalin, ¿a quién le compraría un coche de segunda mano?
Fueron dos asesinos de masas, pero además Stalin era matón en lo personal: sería menos peligroso tratar con Hitler. Esta afirmación mía disgustará a los neonazis, claro.

¿Perdón?
Para los neonazis, Hitler debería haber matado más, y me amenazan por demostrar que Hitler fue un soldadito escurridizo.

Si Hitler hubiese muerto en una trinchera en 1918, ¿habría habido nazismo?
Habría habido un régimen similar al franquista, sin decretar guerras ni exterminios.

¿Eso fue por una patología de Hitler?
Hitler era poco empático con el dolor ajeno: cuando sus camaradas de armas sentían compasión por el dolor del enemigo..., ¡Hitler pensaba que había sufrido poco! Y padeció un trastorno bipolar: alternaba episodios extremos de depresión y euforia.

Se ha dicho que era impotente o que perdió un testículo en la Gran Guerra.
Falso. Aunque su libido no era fuerte.

¿Cuántos de sus compañeros de regimiento de 1918 acabaron siendo nazis?
En 1933, menos del 3% lo eran, y en 1945 lo eran el 19%: ¡nada de particular, igual que el conjunto de la sociedad alemana!

¿Hasta qué punto la Primera Guerra Mundial marcó la figura de Adolf Hitler?
¡Fue la experiencia más gratificante de su vida! En la Segunda Guerra Mundial daba órdenes absurdas a sus generales, basadas en recuerdos de la primera... Y su testamento certifica su añoranza de aquellos días...

¿Qué escribió en ese testamento?
Antes de tomarse el veneno y dispararse, escribió: "Mi vida política empezó como soldado y finaliza como soldado". Y se suicidó vestido de uniforme, del que había arrancado todas las insignias nazis: había dejado sólo la Cruz de Hierro, aquella condecoración que un judío le consiguió.


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martes, 28 de agosto de 2012

El Padre que mata a sus 2 Hijos


¿Qué lleva a un padre a matar a sus hijos?

El psiquiatra Javier Criado asegura que el "rencor y el odio" a una persona puede conducir al asesinato de un tercero para hacer daño

Sucesos | 28/08/2012 - 11:18h
Sevilla. (EUROPA PRESS).- El psiquiatra sevillano Javier Criado ha explicado este martes, aunque "sin justificar" este comportamiento de ningún modo, cómo el "rencor y el odio" de una persona hacia otra puede cegarle y llevarle a cometer asesinatos -como los que supuestamente ha cometido José Bretón con sus hijos Ruth y José- solo por hacer el mayor daño posible a otra, en este caso, su esposa.
En declaraciones a Canal Sur Radio, recogidas por Europa Press, el psiquiatra ha asegurado que el caso de Bretón es "similar" al ocurrido en otras ocasiones en las que un padre o una madre puede llegar a matar a sus propios hijos con tal de hacer daño a su pareja. Para ello es imprescindible "tener una personalidad previa" que lo haga "factible" y que se basa, principalmente, en tener un comportamiento "obsesivo".
Teniendo esa "característica obsesiva", el ser humano maneja sus "ideas y sentimientos con una visión redonda de la realidad", en la que "el rencor o el odio hace que, a veces, el ser humano se centre solo en ese odio". "Entonces toda su actividad, todo su pensamiento y toda su motivación en el actuar, en el pensar, en el sentir y en el vivir se enfoca hacia ese odio y en hacer daño a esa persona.
Todo lo demás no importa, deja de tener entidad y deja de ser ya algo real en su existencia porque lo único que le alimenta es su deseo de hacer daño", explica el psiquiatra. Criado -quien insiste en que, pese a esta "explicación" de lo que podría haberle pasado a Bretón o a cualquier otra persona que cometa un crimen similar, "no se puede justificar" la acción "en absoluto"-, señala que este tipo de personalidades, cuando se concentran en el odio y en hacerle el mayor daño posible a la persona objeto de su rencor, no ven nada más allá de donde han puesto el foco de atención.
"Dejan de tener figura y personalidad todos esos personajes que están alrededor y todo se centra en hacer daño a esa persona. Lo demás, ni existe ni importa, solo son personajes laterales que sirven como actuantes de una obra de teatro donde la única figura está centrada en un caño de luz que deja a oscuras todo", explica. En el caso de Bretón, esto sería lo que habría pasado, que "nada importaba salvo hacerle daño" a su esposa.
Así, y tras una "primera explosión interna" de odio por el anuncio de su esposa sobre la separación, el padre hizo "el recorrido de la venganza con absoluta frialdad". "Eso se llama un comportamiento con carencia de resonancia afectiva. Sería un comportamiento casi psicopático, sin remordimientos, porque su única motivación en la actuación es perjudicar a aquella persona que ha señalado. Lo demás, está en negro", concluye.


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viernes, 17 de agosto de 2012

Magda Goebells y Eva Braun


La película

Hitler y Eva Braun.
La figura del dirigente alemán ya fue tratada por Sokurov en el corto documental Sonata para Hitler (1979-1989). Aquí, empleando material de archivo ruso y germano, no representa los hechos acaecidos, sino las consecuencias, al igual que vemos en su Aleksandra, con su particular retrato de la guerra de Chechenia.
El título elegido para su película, Moloch, proviene del nombre de la divinidad de los fenicios y de otros pueblos por ellos influenciados, más conocida como Baal, con varias referencias en la Biblia. Representado con cabeza de carnero y cuerpo humano, se le realizaban sacrificios humanos, principalmente, niños.
En esta película, Moloch es Hitler, el dios–hombre megalómano e infantil que vive en su mundo mitológico, ajeno a la triste realidad de millones de personas que están pereciendo o sufriendo sus funestos dictados, preocupado en sus propios problemas de identidad, como un niño caprichoso y egoísta que, aunque por momentos parece rozar la caricatura, se nos antoja muy real.
El Führer es aquí un ser débil, enfermo, al que todo le da miedo o asco, no confía en nadie y Eva Braun es la única que, en ocasiones, es capaz de consolarle. Sin duda, y a diferencia de otras películas del autor, el peso de los diálogos es enorme, con una imagen del dictador alejada de los planteamientos cinematográficos al uso, como vemos en la reciente El hundimiento, que pretende ser un fresco histórico, donde el sentido cronológico es fundamental.
Salón de reuniones.
La caracterización de Hitler, al diferir de la del resto de películas tratadas hasta ahora por el cine, nos resulta extraña, ya que parece atemporal. Pero es de un tiempo concreto, de carne y hueso. Lo que hace Sokurov es no mostrarnos secuenciación cronológica ni referencias a hechos concretos. Son unas pinceladas, retazos, de una situación cotidiana de un día cualquiera de la vida un personaje fundamental del siglo XX.
Acompañado de sus ministros.
La sensación de habernos introducido en la máquina del tiempo es algo común a otras películas “históricas” de Sokurov, como El arca rusa. Los acontecimientos suceden en su tiempo histórico, no cinematográfico, por lo que hemos de realizar un proceso de abstracción para reconstruir los hechos que acontecieron, sacar conclusiones de situaciones aparentemente sin importancia.
Esta naturalidad se refleja también en los diálogos a ratos absurdos y en otras ocasiones maquiavélicos de los jerarcas nazis, todo bien mezclado y condimentado en medio de una anodina cotidianeidad que raya en el absurdo, pero que ayudan a hacer convincente a los protagonistas. Quizás a esta mezcla de hiperrealismo y carácter onírico ayude el hecho de estar rodada en el verdadero Nido del Águila, en los Alpes bávaros, una de las residencias y cuarteles generales que fue un regalo del Partido a Hitler.
Entrando a la mansión.
Las figuras de Goebbels o Martin Bormann son inquietantes. Sus intervenciones durante la velada en casa de Hitler se reducen a bromas de mal gusto, falta total de conciencia y diálogos interminables donde se mezclan impasibles la mejor manera de exterminar a los judíos con aspectos culinarios de escasa trascendencia. A los ministros d Hitler sólo les preocupa la buena vida y escalar o mantener la posición predominante que ocupan en la jerarquía del Estado.
Conversaciones íntimas.
Como corresponde a una película de Sokurov, hay varias referencias cultas, detalles del cine, la cultura o de la sociedad alemana de la época. La política y la sociedad de la Alemania nazi se reflejan en los terribles comentarios, a veces irónicos, de sus personajes. En ningún momento se hace referencia a la magnitud de la matanza y la crueldad de la maquinaria nazi, creadora de un nuevo imaginario cultural que justifique.
El personal de servicio, en formación.
Gracias al cine, este imaginario caló en la sociedad alemana. Pero el cine alemán perdió la mayor parte de su personal técnico y artístico, que emigró o pereció por la represión nazi. A partir de entonces, el cine ensalzaría, al igual que en otros campos, la fuerza, el vigor y la percepción de la raza aria, para lo cual se tomó como modelo estético a la antigua Grecia del período preclásico, con los grandes volúmenes en los desnudos, rasgos físicos indiferenciados y enormes escenografías de líneas rectas para contenerlos, algo común a otras potencias fascistas.
Ejemplo de ello puede ser el comienzo de la película, donde, a falta de diálogos, aparece Eva Braun semidesnuda a contraluz, practicando gimnasia mientras nos muestra sus formas rotundas, características, según el ideario nacionalsocialista, del ideal de belleza alemán. Según él, el aspecto físico y el deporte son vehículos esenciales de cohesión de la sociedad, como sugirió visualmente Leni Riefenstahl con Olympia o el Triunfo de la voluntad.
Ecos de Leni Riefenstahl.
 Esta figura atlética de la mujer del dictador nos recuerda en un primer momento a los documentales propagandísticos de la genial realizadora alemana, aunque, llegado el momento, veremos a una mujer caprichosa y, al mismo tiempo, inteligente. Braun, al igual que el resto de los presentes en la mansión, se limita a contentar a su pareja, discutiendo, intentando predominar en algunos terrenos, en una relación de pareja cuando menos extraña, consecuencia lógica de la triste trascendencia del personaje.
No faltan alguna referencia a las tradiciones y mitología germana, arropada por las melodías del compositor Wagner. La función de la música es, pues, de carácter exclusivamente ambiental, de la que se vale el director para crear un ambiente irreal que escapa al suceso histórico línea, de tal manera que obvia el sentido cronológico del discurso, hecho propio del cineasta ruso.
Así, elimina elementos concretos de la biografía de Hitler y se centra en la esencia del personaje, sin recurrir a imágenes bélicas o escenas de acción como los thrillers o films de espías. La guerra y otros acontecimientos no aparecen, todos parecen refugiarse en los salones, a resguardo de sus propios fantasmas.
 
Magda Goebbels y Eva Braun.
La única referencia explícita a la guerra son la imágenes de propaganda que visionan los jerarcas nazis en una escena de la película que, a modo de cita, refleja la importancia que Goebbels dio a todo recurso audiovisual con fines propagandísticos en favor del Nacionalsocialismo.
Se trata de abrir una ventana hasta ahora inexplorada de cómo pudo haber sido la vida privada de Hitler, un fin de semana cualquiera de asueto, un intento de acercarse desde otra perspectiva a su forma de ser y la de sus más estrechos colaboradores, es decir, las cabezas pensantes del genocidio nazi. La naturalidad de Sokurov nos ayuda a captar la insignificancia del personaje, su baja autoestima, que contrasta con el enorme poder ejerció en Europa y en el mundo.
La amnesia que ellos parecen sufrir, así como la falta de empatía, con el dolor, los convierte en monstruos inhumanos de apariencia vulgar, humana. Ello va en consonancia con lo expresado por el director: Hitler no fue un excepción, hay multitud de monstruos, pero no se dieron, como en este caso, una serie de circunstancias que les encumbraron a lo más alto del poder.
La cinta fue rodada en ruso con actores eslavos pero posteriormente doblada al alemán, que es como se distribuyó. No es un deseo de objetividad del autor, sino un vehículo para que el público digiera mejor la escasa catadura moral del personaje, por otro lado, vulgar, mostrándonos así que el genocidio nazi, sin hacer referencia expresa mediante imágenes, se volvería a repetir dadas las circunstancias, porque la esencia de la especie humana nunca cambia.