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- POR LA MASACRE DE DENVER
- El asesino de Denver será juzgado por 142 cargos por la matanza
- E.P.
- Holmes mató el pasado 20 de julio a un total de doce personas e hirió a otras 58 durante el estreno de la película El Caballero Oscuro.
- James Holmes, presunto autor del asesinato de doce personas en una sala de cine de Aurora (Colorado), ha sido imputado por la fiscalía con 142 cargos, incluidos 24 cargos de asesinato en primer grado, 116 cargos de intento de asesinato, un cargo de posesión de artefactos explosivos y un cargo de agravante por crimen violento. Lapena máxima por estos delitos en el estado de Colorado es la muerte y la mínima, cadena perpetua sin fianza.Holmes mató el pasado 20 de julio a un total de doce personas e hirió a otras 58 durante el estreno de la película 'El Caballero Oscuro: La Leyenda Renace' en un cine de Aurora (Colorado).El sospechoso, de 24 años, ha comparecido este lunes de nuevo ante el Tribunal de Distrito del Condado de Arapahoe de la localidad de Centennial de nuevo ataviado con un uniforme rojo de presidiario y con el pelo todavía teñido de naranja, informa el diario "The Denver Post" en su edición digital.La única intervención de Holmes se ha producido cuando el tribunal le ha preguntado si estaba de acuerdo con renunciar a su derecho a una vista preliminar en el plazo de 35 días. El acusado ha respondido con un escueto "sí".El presidente de la sala, el juez William Sylvester, quien preside además del 18º Distrito Judicial, ha fijado para el 12 de noviembre la vista preliminar del caso, que podría durar una semana.Estaba previsto que se tratara también durante la sesión de hoy la posible utilización de las notas que remitió Holmes a su psicoanalista, si están protegidas o no por el secreto profesional, y la petición de varios medios de comunicación para que se levante el secreto del sumario. Ambas decisiones han sido aplazadas y la del secreto de sumario se anunciará en una vista programada para el 9 de agosto a las 13.30 horas (hora local).En la sala había familiares y amigos de las víctimas y algunas personas vestidas con camisetas de Batman y escarapelas con la inscripción "Sully", "Mancillado". Para la sesión se preparó un importantedispositivo de seguridad, con policías desplegados en las azoteas de los edificios cercanos al tribunal.La de hoy ha sido la segunda comparecencia de Holmes. La primera se produjo el 23 de julio y fue retransmitida en directo por la televisión. En esa ocasión Holmes compareció visiblemente confuso y desorientado.El acusado, nacido en la ciudad de San Diego (California), estudiaba un doctorado en neurociencia en el campus "Anschutz" de Medicina de la Universidad de Colorado, pero lo abandonó recientemente
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martes, 31 de julio de 2012
James Holme la masacre de Denver
lunes, 30 de julio de 2012
EL ARMA de los PSICOPATAS : El Miedo
EL ARMA de los PSICOPATAS : El MIEDO
de Silvana Giachero, el Lunes, 30 de Julio de 2012 a la(s) 14:26 ·
El documental El poder de las pesadillas de la BBC nos recuerda que «En el pasado, los políticos prometían un mundo mejor, tenían distintas formas de lograrlo, pero su poder y autoridad surgían de la visión optimista que ofrecían a su pueblo. Esos sueños fracasaron y hoy la gente ha perdido la fe en las ideologías. Cada vez con más frecuencia los políticos son vistos simplemente como administradores de la vida pública... pero ahora han descubierto un nuevo rol que restaura su poder y autoridad. En vez de repartir sueños, ahora los políticos prometen protegernos de las pesadillas. Dicen que nos rescatarán de peligros terribles que no podemos ver y que no comprendemos
». Como respuesta a eso, el movimiento del 15M grita «Sin futuro, sin trabajo, sin miedo».
El escritor Eduardo Galeano señala que vivimos en tiempos de miedo global: «Los que trabajan tienen miedo a perder el trabajo. Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo. Quien no tiene miedo al hambre tiene miedo a la comida. Los automovilistas tienen miedo de andar y los peatones a ser atropellados. La democracia tiene miedo a recordar y el lenguaje tiene miedo a decir. Los civiles tienen miedo a los militares, los militares tienen miedo a la falta de armas, las armas tienen miedo a la falta de guerras. Es tiempo de miedo.
Miedo de la mujer a la violencia del hombre y miedo del hombre a la mujer sin miedo. Miedo a los ladrones y miedo a la policía. Miedo a la puerta sin valla, al tiempo
sin relojes, al niño sin televisor. Miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar. Miedo a la multitud, miedo a la soledad por aquello que uno ha sido. Miedo a morir, miedo a vivir». El temor se encuentra hoy en el centro de muchas de las dinámicas sociales y políticas. El pánico -una emoción primaria que nos hace primarios- se ha convertido en un marco de lenguaje dominante que refleja y explica muchas de las cosas que están pasando.
En el otoño del 2001 fueron enviadas cartas que contenían esporas de ántrax a medios de comunicación y a los senadores demócratas Tom Daschley y Patrick Leahy. Como consecuencia, murieron cinco personas.
El despliegue informativo acerca de estos asesinatos fue enorme. El 12 de octubre, por ejemplo, un reporte informativo
de la CNN sobre el último caso de infección ocupó quince minutos (ese mismo día, los doscientos muertos
civiles en un bombardeo anglo-estadounidense en Afganistán ocuparon un minuto de emisión). Asimismo, la británica BBC le dedicó tres minutos al nerviosismo generado en Wall Street y a la disminución de los índices bursátiles.
El terror se fue extendiendo: el alcalde de Nueva York mandó aislar el Rockefeller Center; la población acudió en masa a comprarse máscaras antigás completamente inútiles contra el ántrax y a medicarse con sustancias que perdían su eficacia si eran tomadas a menudo antes de la infección; y se editaron pósteres en los que los agentes del FBI aparecían disfrazados de pesadilla de serie B.
Diez años después, todo se ha olvidado. De hecho, la investigación sobre lo ocurrido recientemente publicada por el Gobierno estadounidense ha pasado desapercibida en los medios de comunicación. Y eso que desvelaba conclusiones novelescas: atribuía los envíos a un científico loco.
Una década es un largo periodo para los traficantes de miedo del siglo XXI. En estos diez años nos han atemorizado
con muchos otros focos de aprensión. Y el último espanto, la crisis económica, está demasiado presente como para que nadie recuerde aquel supuesto «posible cataclismo mundial» (así lo calificó la CNN) que se quedo como todos, en nada.
Infundir temor ha sido siempre una buena táctica para controlar a las masas. El historiador Jean Delumeau, en
su libro El miedo en Occidente, cita multitud de ejemplos del uso maquiavélico de esta emoción básica del ser humano.
El miedo al demonio en la época de la caza de brujas o la mentalidad de asedio y el temor al desconocido
en la Edad Media son dos prototipos de esta estrategia. Pero, desde principios del siglo XXI, el uso de esta táctica
ha entrado en su apogeo. El movimiento nazi, por ejemplo, difundió unos falsos «protocolos de los sabios
de Sión» según los cuales los judíos se iban a hacer con el control del planeta. Usando la alarma causada, consiguieron
convencer a miles de personas para que iniciaran un exterminio sistemático de la supuestamente atemorizante etnia.
En la época actual, todos tenemos en mente situaciones como la reciente invasión de Irak, instigada por el miedo
a unas armas de destrucción masiva inexistentes o al terrorismo internacional o a la crisis económica… ¿por qué
es tan eficaz ese arma como forma de manipulación? Una primera razón es el mayor calado de los medios
de comunicación de masas modernos. Internet, prensa escrita y televisión son excelentes difusores de desasosiego
colectivo. El asesor presidencial Gavin de Becker, autor del libro The gift of fear, analizaba el papel que
juegan los medios de comunicación en el incremento de esa técnica de manipulación. Este investigador nos
recordaba que las televisiones y los periódicos -especialmente los canales locales, más faltos de noticias- tienen
tendencia a dar una visión del mundo poblada de delincuentes, violadores, pederastas... La tragedia vende
y la información se convierte, a veces, en trasmisión de terror. Ese clima es usado, según de Becker, por «traficantes
del miedo»: políticos, empresarios o grupos religiosos que usan el desasosiego paranoico para sus fines.
Un ejemplo que pone este autor son las medidas inútiles que nos complican la vida (por ejemplo, las de los
controles en los aeropuertos) que si bien no han servido para detener terroristas, han alimentado la percepción
de inseguridad. La otra causa quizás sea el grado de abstracción de los motivos de alarma en el mundo actual. En otras épocas, al ser humano le asustaban cuestiones muy concretas:
enfermedades, guerras, hambre, catástrofes naturales… Hoy en día, el horror es difuso, líquido -en palabras de
Bauman-. Si uno pregunta, por ejemplo, cuáles pueden ser las consecuencias finales de la crisis económica en
la vida de un ciudadano medio, pocas personas podrán concretar su temor: todos tenemos desconfianza ante
lo que está sucediendo, pero no sabemos a qué tenemos miedo exactamente. Otro ejemplo: en una reciente
cumbre social celebrada en Roma. Se dieron a conocer los datos de una encuesta realizada a habitantes de las
grandes ciudades y estos datos indicaban que la angustia domina las poblaciones urbanas: el 90% de los habitantes metropolitanos declaraba sufrir al menos algún tipo de miedo, y el 42,4% siente un «miedo muy fuerte»… en una época en la que la inseguridad ciudadana, las enfermedades y el hambre han disminuido su incidencia en esa población.
«La única cosa de la que debemos tener miedo es del miedo », dijo en 1933 Franklin Delano Roosevelt. La sociedad,
sin embargo, no le ha hecho caso. De hecho, se diría que la táctica del amedrentamiento es casi la única técnica de
persuasión en el mundo moderno. Y así nos va. La Psicología puede y debe hoy ayudarnos a comprender el uso del miedo y ayudarnos a plantearnos cómo responder al mismo, cómo afrontarlo, cómo vivir sin miedo.
Extraido de:
D. José Guillermo Fouce Fernández,
doctor en Psicología,
profesor Universidad Carlos III
y Pontificia de Comillas y
presidente de Psicólogos Sin
Fronteras Madrid
D. Luis Muíño,
divulgador y psicoterapeuta.
viernes, 27 de julio de 2012
cie 11 y DMS-V
Geoffrey M. Reed (director de la Clasificación de los trastornos mentales y del comportamiento de la Clasificación Internacional de Enfermedades, CIE-11, OMS) visitará España durante los próximos días 26, 27 y 28 de abril con motivo de la celebración del V Congreso Internacional de Psicología Clínicaorganizado por la Asociación Española de Psicología Conductual (AEPC). Aprovechando esta ocasión, Gualberto Buela-Casal, como presidente del Comité Organizador del Congreso y presidente de la AEPC, le ha realizado la entrevista que reproducimos a continuación.
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ENTREVISTA
Su conferencia en el V Congreso Internacional de Psicología Clínica tratará sobre "la situación actual de la Clasificación de los Trastornos Mentales y del Comportamiento en la futura CIE-11", sin duda un tema de máxima actualidad y en el que me gustaría que nos centráramos en esta entrevista. Usted es psicólogo clínico y se formó en la Universidad de California (UCLA) y en la Universidad de Washington, y actualmente trabaja en Ginebra en la OMS, siendo el máximo responsable de la Clasificación de los Trastornos Mentales y del Comportamiento en la CIE-11. Esto sin duda es un reconocimiento para la psicología, pero ¿podría explicarnos cual fue el criterio para elegir a un psicólogo para esta importante función que clásicamente ha estado en manos de la psiquiatría?
Empecé trabajando con la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre los sistemas de clasificación internacional hace más de una década, cuando era Subdirector Ejecutivo para el Desarrollo Profesional en la Asociación Americana de Psicología (APA). Por esa época, existía cierta controversia acerca de si la psicología debería desarrollar su propio sistema de clasificación en vez de seguir siendo dominada por el DSM y, por extensión, por la psiquiatría. Me pidieron que explorara esta situación, y concluí que un sistema independiente de diagnóstico desarrollado por la psicología estadounidense se encontraría con muchos obstáculos y sería objeto de las mismas críticas que el DSM. Mi veredicto fue que sería mejor para nosotros aunar nuestras fuerzas con la OMS. Por aquel entonces, la OMS estaba trabajando sobre lo que se convertiría en la Clasificación Internacional del Funcionamiento, Discapacidad y de la Salud (CIF), y volqué todos mis esfuerzos en ese proyecto. Esto se debió a que muchas de las intervenciones por parte de los psicólogos pueden ser consideradas como un intento de mejora de la situación funcional de la persona que recibe los servicios, independientemente del diagnóstico que se asigne a esa persona. A través de mi trabajo en la CIF, desarrollé competencias en los sistemas de clasificación de la salud, y obtuve mucha experiencia gracias a la colaboración con la OMS, junto a sus muchos socios y sus representantes. De este modo, resultaba lógico que me tuvieran en cuenta para trabajar en la CIE-11 cuando la OMS comenzó ese proceso. El Departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias de la OMS ya había mostrado su compromiso para que la revisión de los trastornos mentales y conductuales de la CIE contara con una perspectiva multidisciplinar, así que no tenía sentido que no consideraran un psicólogo para el puesto. También fue muy importante el hecho de que yo tenía—y sigo teniendo—el apoyo de la Unión Internacional de la Ciencia Psicológica.
Recientemente en otra entrevista que realicé a la Dra. Suzanne Bennett Johnson actual Presidenta de la American Psychological Association, me comentaba que a partir de ahora la APA recomendará el uso de la CIE-11 en lugar del DSM-V, pero esto sin duda tendrá una mayor o menor aceptación en función de la frecuencia de uso de estos sistemas diagnósticos en los distintos países. ¿Cuál es la situación en la Unión Europea sobre el uso de la CIE y del DSM? ¿a qué atribuye la costumbre de un mayor uso de uno u otro?
Justo el pasado año publicamos los resultados de una gran encuesta que realizamos en colaboración con la Asociación Mundial de Psiquiatría (AMP). Ésta fue la mayor encuesta realizada hasta la fecha entre psiquiatras sobre la clasificación diagnóstica. (Ver Reed, Correia, Esparza, et al. (2011). The WPA-WHO global survey of psychiatrists’ uses and attitudes towards mental disorders classification. World Psychiatry, 10, 118-131.). Participaron aproximadamente 5.000 psiquiatras de 44 países de todas las regiones del mundo. A nivel global, un 70% de los psiquiatras que participaron afirmaron que la CIE-10 era el sistema diagnóstico que más usaban, y únicamente el 23% declararon usar más el DSM-IV. En Europa, estos datos eran incluso más acusados: más del 80% de unos 2.700 psiquiatras europeos que participaron en la encuesta usaban más la CIE-10, y sólo el 13% usaba más frecuentemente el DSM-IV. Hemos realizado una encuesta similar con psicólogos y estamos analizando los datos ahora, por lo que podré presentar estos resultados en el Congreso el mes que viene. Ciñéndonos a Europa, la clasificación de trastornos mentales y conductuales en la CIE ha sido tradicionalmente liderada por europeos. Actualmente, contamos con 14 grupos de trabajo internacionales que están colaborando con nosotros en el desarrollo de la clasificación de trastornos mentales y conductuales en la CIE-11, y la mitad de ellos están presididos por europeos, incluidos psicólogos. Los Estados Miembros de la OMS, que incluyen todos los países de la Unión Europea, están obligados por tratado internacional a usar la CIE como marco para la obtención y difusión de información relacionada con la salud. El DSM, de hecho, usa los códigos de diagnóstico de la CIE para cumplir con este requisito, pero los Estados Unidos todavía usan la CIE-9 (aunque la CIE-10 ya fue aprobado por la Asamblea Mundial de la Salud hace más de 20 años). No existe ningún motivo para esperar que los países europeos adopten un sistema que es un producto comercial, realizado por una única asociación profesional americana, en lugar de un sistema de clasificación internacional de la OMS. Esperamos que en los países europeos, la CIE siga siendo el sistema estándar, y que esos países sean usuarios destacados de la CIE-11 en cuanto éste se publique.
En España, como seguramente conoce, el uso del DSM es casi exclusivo en los programas de formación de psicólogos (en grado, postgrado y especialidad) e igualmente en la práctica profesional, ¿qué razones podría argumentar para aconsejar el uso de la CIE-11 en lugar del DSM-V?
Creo que esto podría estar reflejando en parte un fenómeno en desarrollo dentro de la psicología, y más ampliamente dentro de la ciencia: la psicología ha estado tradicionalmente dominada por la psiquiatría aceptando, e incluso contribuyendo a que se mantenga esta situación. A medida que los estándares de formación de la psicología fueron mejorado en todo el mundo y la ciencia psicológica florecía, los psicólogos se cuestionan cada vez más si los productos y procesos diseñados para psiquiatras cubren sus necesidades. De forma similar, la comunidad internacional cada vez está menos dispuesta a aceptar que la academia norteamericana sea mejor, o que sus productos científicos sean superiores de forma automática, así como el hecho de que las conceptualizaciones norteamericanas compartan sus necesidades. Del mismo modo, los Estados Miembros de la OMS quieren asegurar que sus propias prioridades para sus sistemas de salud y sus particularidades culturales y lingüísticas sean reflejadas en el sistema de clasificación, en el que se basa en parte la definición de sus responsabilidades de brindar servicios sanitarios a sus pueblos. La naturaleza y valores de los sistemas de salud en Europa son muy diferentes de los estadounidenses, y no está claro que un producto basado en conceptos norteamericanos sea el más adecuado. Por este motivo, la OMS está inmersa en un proceso global y multidisciplinar para el desarrollo de la CIE-11.
Así, también la OMS trabajará para mejorar los resultados en relación al desarrollo de proyectos relacionados con la CIE, como las Guías de Práctica Clínica para los Trastornos Mentales y Conductuales, que estará disponible y será asequible en español y otros idiomas. España y Latinoamérica están bien representadas en todas las fases de nuestro trabajo para la revisión de la CIE, y todas nuestras actividades de revisión están siendo desarrolladas en español e inglés simultáneamente. También llevaremos a cabo actividades en tantos otros idiomas como nos sea posible, pero al menos tenemos un compromiso con estos dos. Como parte de esta aproximación, hemos completado un análisis detallado de los sistemas de clasificación en español para los trastornos mentales, que fue publicado el año pasado en laRevista Panamericana de Salud Pública (Rivas, Reed, First, et al. (2011). Aportaciones de dos clasificaciones psiquiátricas latinoamericanas para el desarrollo de la CIE-11. Revista Panamericana de Salud Pública, 29, 130-137). También hemos colaborado en un suplemento de la Revista Brasileira de Psiquiatría sobre la contribución Latinoamericana a la revisión de la CIE-10, que pueden encontrar online pinchando aqui.
Todos los campos de estudio de la CIE-11 serán desarrollados en español. Los psicólogos españoles pueden participar directamente en el desarrollo de la CIE-11 si se registran para participar en nuestra Red Global de la Práctica Clínica en el siguiente sitio web.
Actualmente en España tenemos más de cincuenta mil estudiantes de psicología y más de cincuenta mil profesionales, en su mayoría, tanto los estudiantes como los profesionales, tienen una formación fundamentalmente cognitivo conductual, ¿cree que esto puede favorecer el uso de la futura CIE-11 o por el contrario puede ser un obstáculo?, y por cierto, ¿tienen previsto algún programa de formación para el manejo del CIE-11?
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La CIE está pensada para ser neutral en relación al tipo de aproximación en el tratamiento. Nosotros estamos considerando y teniendo especial cuidado con que tenga utilidad clínica para un amplio rango de profesionales de la salud. Sólo una ínfima proporción de personas con un trastorno mental en todo el mundo, llegará a acudir a un psiquiatra. Queremos asegurarnos también de que la CIE apoye los tratamientos no farmacológicos. Ésta es un área donde creo que influye el que yo sea psicólogo, en tanto que no pienso en el tratamiento en términos de fármacos automáticamente. Una de las razones más importantes por las que hemos realizado estas encuestas masivas de las que hablé anteriormente es que queremos prestar atención a las necesidades que nos comunican los clínicos de primera línea. Lo que ellos están transmitiendo es que quieren un sistema más simple con menos categorías, y lo suficientemente flexible para permitir el juicio clínico y la variación cultural, en lugar de un sistema que se base en formulas complejas compuestas por muchos criterios de precisión fingida.
A pesar de su frecuente uso, el DSM recibe la crítica de su elevado e injustificado coste, ¿cree que en las ediciones del DSM-V y de la CIE-11 los costes serán otro elemento diferencial?
Definitivamente. La CIE está pensado para ser un bien público, y la OMS trabajará por que la CIE-11 tenga una disponibilidad lo más alta posible, incluyendo su acceso gratuito en Internet. Los productos en formato libro de la CIE-11 para los trastornos mentales y del comportamiento estarán disponibles a bajo coste, y tendrán un importante descuento en países con ingresos bajos y medios. Esto es algo que no se hizo bien con la CIE-10, concretamente en relación a las versiones traducidas relacionadas con los trastornos mentales y del comportamiento, pero la OMS tiene el compromiso de garantizar una mejor gestión con la CIE-11.
Si consideramos que la psicología es una ciencia de la salud, algo mucho más amplio que la salud mental, entonces es evidente que la CIE se ajusta mejor a la actividad profesional del psicólogo, sin embargo, esto no se corresponde con su uso, ¿cuáles son las razones para que en distintos países, como por ejemplo en España, apenas se utilice?
Según la información que tenemos, creo que esta pregunta refleja una subestimación del grado en que se usa la CIE a nivel global. Ciertamente, el DSM ha sido más usado en la investigación y por lo tanto tiene mayor representación en publicaciones. Sin embargo, encontramos el patrón opuesto en la práctica clínica. El Gobierno de España está obligado a presentar sus estadísticas de salud a la OMS usando la CIE. Si las actividades de los profesionales de la salud se desarrollan fuera del sistema de salud del gobierno o si éstos no son responsables de asignar o codificar el diagnóstico, puede que no sean plenamente conscientes de ello. Creo que tienes mucha razón en mencionar que la psicología es algo más amplio que la salud mental, siendo ésta una razón importante por la que la psicología debería considerar la CIE como su sistema estándar de diagnóstico. En todas las demás áreas de salud, la CIE está aceptado internacionalmente como el estándar para el diagnóstico y clasificación, y no existe competidor al respecto. La OMS trabaja con muchas sociedades profesionales nacionales e internacionales para el desarrollo de la CIE, y todas ellas están colaborando con la OMS para mejorar la CIE. Los trastornos mentales es la única área donde una asociación profesional nacional ha establecido y mantiene un sistema directamente competitivo.
En su opinión, como máximo responsable en este tema, ¿cuáles son las novedades más importantes en la CIE-11, y especialmente en el ámbito de los trastornos mentales y del comportamiento?, ¿cómo quedarán finalmente los trastornos de la personalidad?, ¿los cambios en la CIE-11 harán que este sea más afín en la formación y actividad profesional de la psicología?
Al revisar la CIE, estamos centrándonos particularmente en la mejora de la utilidad clínica y la aplicabilidad global de la clasificación, y la mayoría de cambios que están siendo considerados están relacionados con estas prioridades. En la mayoría de áreas, las propuestas están aún en desarrollo, estarán disponibles para revisión pública en mayo. Ofreceré información adicional sobre esto en el Congreso. Pienso que el nuevo sistema encajará mejor con la práctica de la psicología. Por ejemplo, ha habido una reconceptualización extensa de lo que previamente denominábamos Retraso Mental, llamándose ahora Trastornos Intelectuales del Desarrollo (ver Salvador-Carulla, Reed, Vaez-Azizi et al. (2011). Intellectual developmental disorders: Towards a new name, definition and framework for ‘mental retardation/intellectual disability’ in ICD-11. World Psychiatry, 10, 175-180.). Como mencionas, el área de los trastornos de personalidad cambiará sustancialmente. La nueva clasificación pondrá énfasis en la severidad del trastorno de personalidad, pero también hará posible la codificación de rasgos prominentes, en lugar de tener muchas entidades diagnósticas artificiales y reificadas. Esto representa una visión mucho más psicológica de la personalidad y de los trastornos de personalidad. (Ver Tyrer, Crawford, Mulder, et al. (2011). The rationale for the reclassification of personality disorder in the 11th Revision of the International Classification of Diseases (ICD-11). Personality and Mental Health, 5, 246-259.).
En cuanto a la correspondencia o equivalencia entre las categorías diagnósticas del DSM-V y de la CIE-11 ¿ya están cerradas o queda aun trabajo pendiente?, por otra parte, ¿se podría considerar que la CIE-11 es mas independiente de las diferencias culturales, es decir, que se adapta a distintas culturas?
Existe un reconocimiento de los beneficios que tendría para el mundo que la CIE-11 y el DSM-V fueran consistentes el uno con el otro en la medida de lo posible. La OMS ha indicado que podrían existir diferencias sustantivas entre las dos clasificaciones, debido a sus diferentes objetivos y representantes. Un tipo de diferencia que es lícito que exista está de hecho basada en la necesidad de la aplicabilidad transcultural de la CIE-11. Por ejemplo, la mayoría de trastornos alimentarios en los países no occidentales pueden acabar siendo clasificados bajo diagnósticos actuales como "no especificado" debido a que no encajan en ningún patrón de trastorno alimentario en el sistema norteamericano y europeo occidental. Sin embargo, el hecho es que la mayoría de las diferencias que encontramos entre la CIE-10 y el DSM-IV son arbitrarias y no están basadas en ningún caso en la evidencia. Tanto a la OMS como a la APA Psiquiátrica les gustaría evitar este tipo de diferencias, y se está desarrollando un proceso de "armonización" junto a la APA. Por otra parte, debe señalarse que si existiera una completa armonización no habría motivo para comprar el DSM pudiendo conseguir la CIE gratuitamente en el sitio web de la OMS.
El DSM-V está recibiendo importantes críticas, miles de profesionales se están quejando sobre que con este sistema clasificatorio se está psicopatologizando la vida cotidiana, por ejemplo, se podrían considerar trastornos la timidez, la apatía, la introversión, etc. ¿qué opina sobre esto? ¿estas críticas no son aplicables a la CIE-11?
Creo que hay dos aspectos a tener en cuenta en relación a estas críticas. El primero se basa en un discurso más general sobre la naturaleza de la enfermedad mental, en línea con el trabajo de Thomas Szasz, que cuestiona la existencia de la enfermedad mental y considera el tratamiento de la salud mental como un instrumento de control social. Yo pienso que ésta es una discusión importante, pero si ésta es tu perspectiva, la CIE no va a hacerte más feliz que el DSM. El segundo aspecto de esta crítica se relaciona con el etiquetar como trastornos mentales condiciones mucho más comunes, con mayor tasa base y menor umbral que han sido consideradas previamente como variaciones del funcionamiento normal, o como aspectos de la experiencia normal. En relación con esto, creo que habrá una diferencia importante entre la CIE-11 y el DSM-V. Ejemplos de propuestas del DSM-V que han suscitado esta crítica incluyen el "síndrome de psicosis atenuado", el "trastorno neurocognitivo leve" y la eliminación de la exclusión del luto para el diagnóstico de depresión mayor. La OMS contempla propuestas de esta naturaleza como problemáticas, por varias razones. Primero, estas condiciones con mayor tasa base y menor umbral representan importantes objetivos para el desarrollo de fármacos y marketing, lo cual interesa fundamentalmente a las compañías farmacéuticas. Segundo, cuando todos los países del mundo se enfrentan a difíciles decisiones sobre la distribución de recursos de salud, estas propuestas tienen el potencial para desviar recursos de condiciones más graves que sí tienen tratamientos efectivos. Tercero, estas aproximaciones desembocan en la distribución de fármacos con efectos secundarios potencialmente graves a personas que realmente no necesitan medicación. Cuarto, es probable que las prevalencias estimadas de los trastornos mentales aumenten drásticamente, lo que hará más difícil para la OMS convencer a países miembros para que hagan de la salud mental una prioridad, ya que parecerá mucho más complicado. Así, existe poca justificación a nivel de salud pública para tales propuestas, y es altamente improbable que éstas sean incorporadas en la CIE-11. La OMS no ve cómo puede la incorporación de estas categorías ayudar a avanzar hacia nuestra meta: que la CIE-11 ayude a los países miembros de la OMS a reducir la carga de enfermedad asociada a los trastornos mentales y del comportamiento.
Seguramente usted conoce que en España desde hace unos años se considera a la psicología como una ciencia de la salud a nivel académico y desde el año pasado se regula por ley como una profesión sanitaria, ¿cuál es su opinión sobre esto?
Tal y como has mencionado, yo estudié en los Estados Unidos. Mi formación fue consecuente con el modelo científico-profesional de la psicología, así que me es fácil pensar en la psicología en ambas direcciones. La psicología es altamente importante como ciencia, y en mi opinión es la fuerte formación científica de los psicólogos la que les da un lugar especial entre las disciplinas sanitarias. Por otra parte, esto no quiere decir que todos los psicólogos trabajarán en el sistema de salud o harán investigación básica. Personalmente, lo más valioso en cuanto a mi formación es que me ha dado las destrezas y la flexibilidad para hacer muchas cosas, y tanto nuestra profesión como nuestras organizaciones profesionales deberían trabajar para mantener esta amplitud de posibilidades.
Por último, en unas semanas nos encontraremos en Santander, desde aquí quiero agradecerle su participación en este congreso y si quiere añadir algún comentario más puede hacerlo. Le reitero que es un orgullo para la psicología que un psicólogo desempeñe un cargo tan importante como el suyo, lo cual sin duda es importante para esta profesión.
Estoy deseando encontrarme con mis colegas de España y de todo el mundo en Santander. Agradezco la invitación, y espero nuevas colaboraciones en el futuro. ¡Muchas gracias!
Clasificación de Enfermedades.CIE 11
CIE-11
La Organización Mundial de la Salud está revisando la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) en dirección a la CIE-11. El desarrollo tiene lugar en un espacio de trabajo basado en Internet, llamado iCAT (Herramienta de creación en colaboración) Plataforma, algo similar a Wikipedia, sin embargo, requiere más estructura y el proceso de revisión por pares. La OMS colabora a través de esta plataforma con todas las partes interesadas.
El borrador final de la CIE-11 del sistema se espera que sea presentado a la OMS Asamblea Mundial de la Salud (AMS) para su aprobación oficial en 2015. El proyecto beta [ 21 ] se puso a disposición en línea en mayo de 2012 para la primera consulta y comentando. [ 22 ]
En la CIE-11 de cada entidad de la enfermedad tendrán las definiciones que dan descripciones de las teclas y orientación sobre cuál es el significado de la entidad / es la categoría en términos humanos legibles - para guiar a los usuarios. Este es un avance sobre la CIE-10. Debido a que en la CIE-10 sólo había títulos de propiedad. Las definiciones tienen una estructura estándar de acuerdo a una plantilla con las plantillas de definición estándar y otras características se ejemplifica en un "Modelo de contenido". El modelo de contenido es un marco estructurado que captura el conocimiento que se basa la definición de una entidad CIE. El Modelo de contenido por lo tanto, permite la informatización (con enlaces a las ontologías y SNOMED CT). Cada entidad ICD puede ser visto desde diferentes dimensiones o "parámetros". Por ejemplo, en la actualidad hay 13 parámetros definidos por el principal en el modelo de contenido (véase más adelante) para describir una categoría en la CIE.
- ICD Título Entidad - Nombre completo especificado
- Propiedades de clasificación - enfermedad, trastorno, lesión, etc .
- Las definiciones textuales - descripción corta estándar
- - Términos sinónimos, otra de inclusión y exclusión
- Órganos y Sistemas / Estructura Descripción - anatomía y fisiología
- Propiedades temporales - agudo, crónico o de otro tipo
- La gravedad de las propiedades de subtipos - leves, moderadas, severas escalas, o de otro tipo
- Propiedades de la manifestación - los signos, los síntomas
- Propiedades causales - Etiología: causa infecciosa, externa, etc .
- Propiedades de funcionamiento - el impacto en la vida cotidiana: actividades y participatio n
- Las propiedades específicas de condición - se relaciona con el embarazo, etc
- Propiedades terapéuticas: las consideraciones específicas de tratamiento: por ejemplo la resistencia
- Criterios de diagnóstico: las definiciones operativas para la evaluación
CIE existe en 41 idiomas en versiones electrónicas y su expresión en varios idiomas, se llevará a cabo en forma sistemática ICD11.
Trastornos de personalidad
Trastorno de personalidad
| Trastorno de personalidad | |
|---|---|
| Clasificación y recursos externos | |
| CIAP-2 | P80 |
| MedlinePlus | Información de salud en la enciclopedia MedlinePlus |
Los trastornos de personalidad son un conjunto de perturbaciones o anormalidades que se dan en las dimensiones emocionales, afectivas,motivacionales y de relación social de los individuos.1 2 3
Los trastornos de personalidad se incluyen como trastornos mentales del Eje II en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentalesde la Asociación Americana de Psiquiatría, y en la sección de trastornos mentales y del comportamiento en el manual CIE de la Organización Mundial de la Salud. Personalidad, que se define psicológicamente, como rasgos mentales y de comportamiento permanentes que distinguen a los seres humanos. Un trastorno de personalidad se define como experiencias y comportamientos que difieren de las normas sociales y expectativas. Las personas diagnosticadas con un trastorno de la personalidad pueden tener alteraciones en la cognición, emotividad, funcionamiento interpersonal o en el control de impulsos. En general, los trastornos de personalidad se diagnostican al 40-60% por ciento de los pacientes psiquiátricos, y representa el diagnóstico psiquiátrico más frecuente.4
Estos patrones de conducta son típicamente asociados con alteraciones sustanciales en algunas tendencias de comportamiento de un individuo, por lo general involucran varias áreas de la personalidad, y casi siempre se asocia con perturbaciones significativas en la esfera personal y social. Además, un trastorno de personalidad es inflexible y se extiende a muchas situaciones, debido en gran parte al hecho de que tales comportamientos anormales son egosintónicos, en el que los elementos de la conducta, pensamientos, impulsos, mecanismos y actitudes de una persona están de acuerdo con el Yo y con la totalidad de su personalidad; y por tanto, se percibe como adecuados por el afectado. Este comportamiento puede suponer estilos de afrontamiento desadaptativos, que pueden conducir a problemas personales y alteraciones tales como ansiedad extrema, angustia o depresión. La aparición de estos patrones de comportamiento por lo general se remontan al principio de la adolescencia y el comienzo de la edad adulta y, en algunos casos, a la infancia.1
Debido a que la teoría y el diagnóstico de los trastornos de personalidad se derivan de las expectativas culturales dominantes, su validez es cuestionada por algunos expertos, sobre la base de su invariable subjetividad. Ellos argumentan que la teoría y el diagnóstico de los trastornos de la personalidad se basan estrictamente en consideraciones de tipo social, socio-políticas e inclusoeconómicas.5 6 7 8
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[editar]Fundamentación
A diferencia de la dimensión cognitiva (percepciones, memoria, atención, inteligencia, creatividad, lenguaje), al hablar de personalidad se les da preferencia a los procesos emotivos y tendenciales del individuo, aunque los diferentes factores ejercen una influencia directa entre sí.
Los desajustes o trastornos son un producto de diferentes causas biológicas o medioambientales y, aunque haya que hacer clasificaciones según ciertas categorías comúnmente aceptadas, eldiagnóstico debe hacerse de forma individual. Hay que tener presente que la misma causa puede tener síndromes diferentes y un síndrome determinado puede ser la manifestación de causas diversas, condicionada por la constitución biológica y el medio familiar, escolar y social en el que el individuo se encuentre.
Los obstáculos que impiden que una personalidad se desarrolle eficazmente se conocen con el nombre de frustración, y esta corresponde a las circunstancias que determinan que una necesidad o motivo fracasen en ser satisfechos. El estado emocional que acompaña a este hecho se denomina presión psicológica, tensión o ansiedad.
Los trastornos de personalidad hay que limitarlos, por tanto, a problemas emocionales, afectivos y sociales. Estos últimos sólo cuando haya evidencias de que fueron causados por perturbaciones emocionales o afectivas subyacentes, y no cuando son producidos por situaciones ambientales propiamente, aunque sea muy difícil separar en ocasiones el origen y las consecuencias de estos trastornos, que son, más bien, una red compleja en la que es difícil determinar las causas y los efectos.
Aunque no todos los trastornos de personalidad llevan a conductas de inadaptación social, hay una frecuencia de que las perturbaciones emocionales dan como consecuencia un desajuste social.
[editar]Clasificación
Los dos principales sistemas de clasificación, el CIE y el DSM, deliberadamente han fusionado sus diagnósticos hasta cierto punto, pero aún sigue habiendo diferencias. Por ejemplo, el CIE-10no incluyen el trastorno narcisista de la personalidad como una categoría distinta, mientras que el DSM-IV no incluye la transformación persistente de la personalidad tras experiencia catastróficao tras enfermedad psiquiátrica. El CIE-10 clasifica el trastorno esquizotípico de la personalidad del DSM-IV como una forma de esquizofrenia y no como un trastorno de la personalidad. El DSM-IV sitúa los trastornos de personalidad como entidades separadas de los trastornos mentales (Ejes), mientras que el CIE no utiliza un sistema multiaxial. El diagnóstico y agrupación de los trastornos de personalidad genera controversia y polémica, pues no están bien definidos los criterios para diferenciarlos de otros trastornos mentales o distinguir las categorías particulares de trastornos de la personalidad unas de otras.9
[editar]Lista de trastornos de personalidad definidos en el DSM
El DSM-IV-TR (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales de la Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos) menciona diez trastornos de personalidad, los cuales se agrupan en tres grupos:10
[editar]Grupo A (trastornos raros o excéntricos)
- Trastorno paranoide de la personalidad, personalidad paranoide.
- Trastorno esquizoide de la personalidad, personalidad esquizoide.
- Trastorno esquizotípico de la personalidad, personalidad esquizotípica.
Este grupo de trastornos se caracteriza por un patrón penetrante de cognición (por ej. sospecha), expresión (por ej. lenguaje extraño) y relación con otros (por ej. aislamiento) anormales.
[editar]Grupo B (trastornos dramáticos, emocionales o erráticos)
- Trastorno antisocial de la personalidad, personalidad antisocial.
- Trastorno límite de la personalidad, personalidad límite o Borderline.
- Trastorno histriónico de la personalidad, personalidad histriónica.
- Trastorno narcisista de la personalidad, personalidad narcisista.
Estos trastornos se caracterizan por un patrón penetrante de violación de las normas sociales (por ej. comportamiento criminal), comportamiento impulsivo, emotividad excesiva y grandiosidad. Presenta con frecuencia acting-out (exteriorización de sus rasgos), llevando a rabietas, comportamiento auto-abusivo y arranques de rabia.
[editar]Grupo C (trastornos ansiosos o temerosos)
- Trastorno de la personalidad por evitación, personalidad fóbica.
- Trastorno de la personalidad por dependencia, personalidad dependiente.
- Trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad, trastorno anancástico de la personalidad o personalidad obsesiva-compulsiva.
Este grupo se caracteriza por un patrón penetrante de temores anormales, incluyendo relaciones sociales, separación y necesidad de control.
[editar]Diagnóstico
[editar]DSM-IV
El DSM-IV enumera los criterios diagnósticos generales que debe cumplir un trastorno de la personalidad, además de los criterios específicos para cada trastorno de la personalidad en particular:
- A. Un patrón permanente de experiencia interna y de comportamiento que se aparta acusadamente de las expectativas de la cultura del sujeto. Este patrón se manifiesta en dos (o más) de las áreas siguientes:
- Cognición (p. ej., formas de percibir e interpretarse a uno mismo, a los demás y a los acontecimientos).
- Afectividad (p. ej., la gama, intensidad, labilidad y adecuación de la respuesta emocional)
- Actividad interpersonal.
- Control de los impulsos.
- B. Este patrón persistente es inflexible y se extiende a una amplia gama de situaciones personales y sociales.
- C. Este patrón persistente provoca malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.
- D. El patrón es estable y de larga duración, y su inicio se remonta al menos a la adolescencia o al principio de la edad adulta.
- E. El patrón persistente no es atribuible a una manifestación o a una consecuencia de otro trastorno mental.
- F. El patrón persistente no es debido a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (p. ej., una droga, un medicamento) ni a una enfermedad médica (p. ej., traumatismo craneal).11
[editar]CIE-10
El CIE-10 introduce los diagnósticos específicos de cada trastorno de personalidad con unos criterios de referencia generales que son similares:
- Pautas para el diagnóstico:
Se requiere la presencia de una alteración de la personalidad no directamente atribuible a una lesión o enfermedad cerebral importante, o a otros trastornos psiquiátricos, que reúna las siguientes pautas:
- Actitudes y comportamiento marcadamente faltos de armonía, que afectan por lo general a varios aspectos de la personalidad, por ejemplo, a la afectividad, a la excitabilidad, al control de los impulsos, a las formas de percibir y de pensar y al estilo de relacionarse con los demás.
- La forma de comportamiento anormal es duradera, de larga evolución y no se limita a episodios concretos de enfermedad mental.
- La forma de comportamiento anormal es generalizada y claramente desadaptativa para un conjunto amplio de situaciones individuales y sociales.
- Las manifestaciones anteriores aparecen siempre durante la infancia o la adolescencia y persisten en la madurez.
- El trastorno conlleva un considerable malestar personal, aunque éste puede también aparecer sólo en etapas avanzadas de su evolución.
- El trastorno se acompaña, por lo general aunque no siempre, de un deterioro significativo del rendimiento profesional y social. Para diagnosticar la mayoría de los tipos citados más abajo, se requiere a menudo la presencia de al menos tres de los rasgos o formas de comportamiento que aparecen en su descripción.12
Para diagnosticar la mayoría de los trastornos de personalidad, se requiere la presencia de al menos tres de los rasgos o formas de comportamiento que aparecen en cada descripción. El CIE añade que para las diferentes culturas puede sea necesario desarrollar un conjunto específico de criterios que tenga en consideración las normas, reglas y obligaciones sociales de cada región o cultura.13
[editar]Trastorno de personalidad versus personalidad sana
Un Trastorno de personalidad es un modo patológico de ser y comportarse que:
- Es omnipresente: se pone de manifiesto en la mayor parte de las situaciones y contextos, y abarca un amplio rango de comportamientos, sentimientos y experiencias.
- No es producto de una situación o acontecimiento vital concreto, sino que abarca la mayor parte del ciclo vital del individuo.
- Es inflexible, rígido.
- Dificulta la adquisición de nuevas habilidades y comportamientos, especialmente en el ámbito de las relaciones sociales: perjudica el desarrollo del individuo.
- Hace al individuo frágil y vulnerable antes situaciones nuevas que requieren cambios.
- No se ajusta a lo que cabría esperar para ese individuo, teniendo en cuenta su contecto sociocultural.
- Produce malestar y sufrimiento al individuo, o a quienes le rodean: provoca interferencias en diversos ámbitos (social, familiar, laboral, etc.)
- El malestar es más bien consecuencia de la no aceptación por parte de los demás del modo de ser del individuo más que una característica intrínseca del trastorno: en general suelen seregosintónicos (de acuerdo con el Yo).
- Por lo antedicho, la conciencia de enfermedad o anomalía es escasa o inexistente.14
En cambio una personalidad sana responde a las siguientes características:
- Adaptativa.
- Flexible.
- Funcionamiento autónomo y competente en diferentes áreas de la vida.
- Habilidad para establecer relaciones interpersonales satisfactorias.
- Capacidad para conseguir metas propias, con el consiguiente sentimiento de satisfacción subjetiva.
[editar]Véase también
[editar]Referencias
- ↑ a b Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders
- ↑ Berrios, G E (1993). «European views on personality disorders: a conceptual history». Comprehensive Psychiatry 34 (1): pp. 14–30. doi:10.1016/0010-440X(93)90031-X. PMID 8425387.
- ↑ Millon, Theodore; Roger D. Davis (1996). Disorders of Personality: DSM-IV and Beyond. New York: John Wiley & Sons, Inc. p. 226. ISBN 0-471-01186-x.
- ↑ Smelser, N. J., & Baltes, P. B. (2001). Personality Disorders. International encyclopedia of the social & behavioral sciences (pp. 11301-11308). Amsterdam: Elsevier.http://www.sciencedirect.com.myaccess.library.utoronto.ca/science/article/pii/B0080430767037633
- ↑ Nancy McWilliams (29 de julio de 2011). Psychoanalytic Diagnosis, Second Edition: Understanding Personality Structure in the Clinical Process. Guilford Press. pp. 196. ISBN 978-1-60918-494-0. Consultado el 2 de diciembre de 2011.
- ↑ Personality Disorders Are Not Illnesses (Philip Hickey PhD)
- ↑ A Giant Step Backward for Introverts (Nancy Ancowitz)
- ↑ The National Psychologist (Susan Bowman, 2006)
- ↑ Widiger, T.A. Personality disorder diagnosis World Psychiatry. 2003 October; 2(3): 131–135. PMCID: PMC1525106
- ↑ Criterios diagnósticos generales para un Trastorno de la personalidad
- ↑ http://www.psicomed.net/dsmiv/dsmiv16.html#f60 Criterios diagnósticos generales para un Trastorno de la personalidad. DSM-IV
- ↑ http://www.psicomed.net/cie_10/cie10_F60.html Trastornos de la personalidad y del comportamiento del adulto. CIE-10
- ↑ http://apps.who.int/classifications/icd10/browse/2010/en CIE-10
- ↑ Belloch Fuster y Fernández–Álvarez, (2010). Tratado de trastornos de la personalidad. editorial síntesis. ISBN 9788499585086.
- Este artículo incluye material de la versión en inglés de la wikipedia:[1]]
[editar]Bibliografía
- López-Ibor Aliño, Juan J. & Valdés Miyar, Manuel (dir.) (2002). DSM-IV-TR. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Texto revisado. Barcelona: Editorial Masson. ISBN 978-84-458-1087-3.
- Millon, Theodore & Davis, Roger D. Trastornos de la personalidad. Más allá del DSM-IV. Primera edición 1998. Reimpresiones 1999 (2), 2000, 2003, 2004. Barcelona: Editorial Masson. ISBN 978-84-458-0518-3.
- – & Grossman, Seth & Millon, Carrie & Meagher, Sarah & Ramnath, Rowena. Trastornos de la personalidad en de la vida moderna. Primera edición 2001, segunda edición 2006. Barcelona: Editorial Masson & Elsevier. ISBN 978-84-458-1538-0.
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