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lunes, 25 de junio de 2012

El Bebedor de Hans Fallada


La obra literaria de Hans Fallada (Alemania, 1893-1947) ha permanecido olvidada durante décadas para gran parte del mundo. En los últimos años han aparecido en castellano traducciones de dos de sus obras más representativas: Solo en Berlín y Pequeño hombre ¿Y ahora qué? Sin embargo para hacernos una idea más plena de su literatura necesitabamos las obras escritas durante su internamiento carcelario a finales de 1944, con el régimen nazi agonizando, tiempo en el cual su pluma certificó sus dos libros más comprometidos, el primero con la literatura: El bebedor y el segundo consigo mismo y con la sociedad alemana: Diario de la cárcel. Ocupémonos ahora del primero. LEER MÁS

Ciertamente avergüenza a los ‘buenos escritores’ actuales compararlos con esta novela de autoficción escrita en unos pocos días, casi sin papel, a escondidas y sin más corrección que los signos de puntuación. Con una prosa limpia y fina, un magnífico sentido del humor y una capacidad de ir creciendo en interés paulatina, Fallada cuenta la caída en el alcohol de un hombre normal, pequeño empresario, felizmente casado y sin ninguna necesidad de olvidar.

Cierto día una discusión matrimonial leve le demuestra que un poco de vino resulta ser un buen calmante. Pero es meses después, cuando un revés económico medio le pone en una situación vergonzosa con su mujer, que prefiere acompañarse de la botella para ver los problemas disiparse. Esos primeros pasos le llevarán a un abismo de alcoholismo en que alternará mil y una aventuras quijotescas yendo de mal en peor en situaciones delirantes contadas siempre (eso es lo mejor) desde su propio punto de vista, creyéndose con el pleno control de su vida y simulando que no pasa nada.
La segunda mitad del libro habla del internamiento en la cárcel por los desordenes que su adicción le han causado y su visión del mundo carcelario junto a sus aparentes esfuerzos por retomar las riendas de su vida.

Fallada demuestra su oficio literario con esta ficción basada en su propia vida pero sin conexiones directas con ella. Explica con claridad la degeneración del alcohol permitiéndonos disfrutar con su humor, su carencia de sentido del ridículo y su ironía bien dosificada de principio a fin.

A quien le reproche su falta de compromiso social viviendo durante la tormenta nazi, que espere a la reseña deDiario de la cárcel donde vuelca toda su opinión del nazismo dejando El bebedor limpia de contaminación ambiental.

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